En tiempos difíciles, ¿cuál es la narrativa común de Europa?
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Cuando Europa diseñó por primera vez sus billetes de euro, el Banco Central Europeo (BCE) evitó cualquier elemento que pudiera generar división o implicar favoritismo: el problema de que el héroe de un país sea la afrenta de otro. Un retrato de Churchill o de Gaulle no uniría al bloque; tampoco lo haría un alce sueco ni un toro español. Estados Unidos contaba con su legado común de Padres Fundadores y un águila calva. La Unión Europea acabó optando por puentes y ventanas genéricos que pretendían simbolizar la apertura.
Dado el auge del populismo antiinmigrante, incluso esos símbolos de apertura de la UE pueden parecer anticuados. Pero la historia de los billetes apunta a un problema más profundo al que se enfrenta Europa ahora que su soberanía territorial está en entredicho: ¿cómo crear la narrativa crucial —el mito fundacional o la comunidad imaginada— que una a los europeos lo suficiente como para soportar el sacrificio y el riesgo?
El riesgo es evidente y cada vez más urgente: las fuerzas rusas invaden una pequeña franja de la vecina Estonia para poner a prueba la determinación de la OTAN. ¿Aceptarían los votantes españoles que sus soldados pudieran morir por un territorio que la mayoría no sabría ubicar en un mapa? Sin embargo, las crisis estratégicas de Europa ya no se limitan al este. Incluso la posibilidad de que Groenlandia se integre en la órbita de otro país fue descrita por un alto funcionario de la UE como una «verdadera llamada de atención».
El reto para quienes buscan construir una narrativa común es demostrar —por ejemplo, a los votantes españoles— que su seguridad está ligada a Estonia. ¿Cuál es la historia que une a los europeos a pesar de la distancia y las diferentes percepciones de amenaza? En otras palabras: si tuviéramos que imprimir una sola imagen en los billetes de euro hoy, ¿cuál sería?
Bajo la presidencia de Christine Lagarde en el BCE, Europa está rediseñando sus billetes, guiada por el tedioso y aparentemente inequívoco «Grupo Asesor de Motivos», así como por una encuesta realizada a 365.000 europeos. Entre los temas preseleccionados se encuentran la cultura y figuras europeas comunes como Marie Curie y Leonardo da Vinci.
Los motivos son sin duda más significativos que los puentes. Pero, ¿basta con esa imagen? Esta narrativa cobra aún mayor importancia porque Europa carece de una figura política paneuropea que represente al continente.
Entonces, ¿qué tal la urna? ¿O una imagen que narre la importancia de la democracia, cuyo arco narrativo abarca desde los sacrificios de millones de personas en la Segunda Guerra Mundial hasta los desafíos de autócratas como el presidente ruso Vladimir Putin? La democracia puede ser un valor universal, pero gran parte de su concepto y el lenguaje que la rodea son europeos.
Podría haber un punto clave para desarrollar esta narrativa, dado que los votantes asocian cada vez más los valores democráticos con la seguridad del bloque. En 2025, la aprobación de la UE por parte de sus ciudadanos alcanzó su nivel más alto en dos décadas, y este aumento se debió principalmente a la preocupación por la seguridad. Los ciudadanos de la UE son la base, y el respeto por la democracia y el Estado de derecho parecen ser los dos valores fundamentales del bloque que desean proteger.
Conceptos como el derecho al voto u otros derechos fundamentales también podrían contrarrestar la agenda de seguridad cada vez más dominante en Europa, que corre el riesgo de subordinar el «poder blando» al rearme. En los círculos de poder de la UE se habla de una estrategia al estilo de Draghi y los drones: implementar las reformas económicas propuestas por el expresidente del BCE, Mario Draghi, junto con un mayor gasto en defensa. Pero el frente no se limita a las trincheras, ni al informe de 400 páginas de Draghi. Quizás la nueva narrativa debería ser «Democracia, Draghi y drones».
Las urnas tampoco tienen por qué ser un espacio impersonal. Este vídeo de la UE, que anima a la gente a votar en las elecciones, muestra a abuelos —supervivientes de la Segunda Guerra Mundial, de Praga y de la lucha por la independencia del Báltico contra los rusos— explicando a sus nietos la importancia del voto.
Los billetes también podrían seguir el ejemplo de las monedas de euro: una con el símbolo del euro y la otra con un símbolo nacional (que actualmente incluye el arpa irlandesa y el águila federal alemana), conectando así los símbolos nacionales con los valores democráticos más amplios de la UE.
El BCE tiene previsto decidir a finales de 2026 el diseño definitivo de los billetes de euro. Los motivos oficiales son «Cultura europea: espacios culturales compartidos» y «Ríos y aves: resiliencia en la diversidad». Sin embargo, estos motivos surgieron de grupos de discusión que concluyeron sus talleres a principios de 2022, justo antes de que la invasión rusa de Ucrania desencadenara una reacción en cadena que ha conducido a la policrisis de 2026.
Esto indica que Europa necesita replantearse su mensaje central. La cultura y las aves son símbolos de un continente sumido en la nostalgia de tiempos mejores, cuando el fin de la Guerra Fría generó beneficios económicos. El lanzamiento de nuevos billetes con diseños que aborden los derechos fundamentales al voto, la libertad de expresión y la seguridad podría marcar el inicio de un discurso más amplio sobre la necesidad imperiosa de renovar la democracia en Europa y convertirla en un valor por el que merece la pena luchar.