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Hacia las elecciones del bicentenario en Bolivia

December 19, 2023 • By María Teresa Zegada Claure
Estado de la Democracia en Bolivia
¿Por qué sostenemos que a pesar de esta ampliación constitucional de “las democracias” percibimos un deterioro de la misma? La respuesta es compleja pues abarca distintas dimensiones, entre ellas, la propia confianza de los ciudadanos en el sistema democrático; el decurso de los procesos electorales y sus resultados frente a un futuro ciclo electoral previsto para 2025 con elecciones generales y 2026 con elecciones subnacionales; y finalmente la diferenciada y frágil situación de los partidos políticos como principales protagonistas de la representación.

Bolivia inauguró la segunda década de este siglo con una nueva Constitución Política del Estado, como consecuencia de un proceso intenso de movilización social que culminó con la llegada de Evo Morales al poder por la vía electoral. Su posesión en enero de 2006, seguida por una Asamblea Constituyente que se realizó en un controvertido escenario de polarización entre 2006 y 2008, cambiaron la configuración política del país. Sin embargo, en la actualidad, la democracia está seriamente cuestionada y se percibe su creciente precariedad.

La nueva Constitución aprobada en 2009, establece una figura innovadora de democracia que combina cuatro formatos distintos ampliando la concepción tradicional de democracia exclusivamente ligada al modelo liberal: la democracia representativa, la democracia directa, la democracia participativa y la democracia comunitaria (indígena/originario/campesina). Esta configuración particular y plural de la democracia corresponde con las características interculturales y “demo-diversas” de la sociedad boliviana. No obstante, si bien entró en vigencia mediante la aprobación casi inmediata de una serie de leyes secundarias; a más de diez años de su aplicación no se perciben cambios sustanciales que hayan incidido en la calidad de la misma; al contrario, se puede percibir un debilitamiento de las bases institucionales de la democracia representativa -andamiaje del Estado de Derecho-, y un desarrollo muy incipiente de los otros mecanismos democráticos mencionados.

Si bien se ha mantenido la regularidad electoral, con algunos sobresaltos, la única experiencia nacional de democracia directa aplicada por iniciativa del partido de gobierno fue el referéndum de 2016, en que se consultó a la población sobre una modificación constitucional para permitir la tercera reelección de Evo Morales. Los resultados fueron de un rechazo mayoritario, con el 51,3% de los votos; el mismo que fue ignorado por el gobierno de Morales quien terminó postulando de todas maneras su candidatura, restándole legitimidad y credibilidad a este procedimiento democrático. Por su parte, la denominada democracia participativa opera en niveles reducidos como cooperativas o sindicatos, y eventualmente en cabildos cuyos resultados no son vinculantes.

Finalmente, la democracia comunitaria se activa en algunos territorios indígenas en momentos prelectorales para la selección de candidaturas a cargos electivos, con escaso impacto. Otro formato de democracia comunitaria es la conformación de  Autonomías Indígenas establecidas en la CPE. Su avance es muy reducido y controversial; así, de los 36 pueblos indígenas reconocidos solo 6 cuentan con Estatutos Autonómicos con serias dificultades administrativas.

Ahora bien, ¿Por qué sostenemos que a pesar de esta ampliación constitucional de “las democracias” percibimos un deterioro de la misma?

La respuesta es compleja pues abarca distintas dimensiones, entre ellas, la propia confianza de los ciudadanos en el sistema democrático; el decurso de los procesos electorales y sus resultados frente a un futuro ciclo electoral previsto para 2025 con elecciones generales y 2026 con elecciones sub nacionales; y finalmente la diferenciada y frágil situación de los partidos políticos como principales protagonistas de la representación.

 
Una democracia debilitada

La totalidad de encuestas consultadas muestran que la confianza en la democracia en Bolivia ha disminuido en la última década. De acuerdo a datos del Latinobarómetro de 2021 para la región, la indiferencia como síntoma de decepción con el funcionamiento de la democracia se incrementó en 11 puntos en la última década; del mismo modo creció la opción por el “autoritarismo difuso”, es decir por un gobierno que resuelva los problemas aunque no sea democrático, que ascendió del 44% al 51% en los últimos veinte años. En el caso de Bolivia, de acuerdo a la misma fuente disminuyó entre 2015 y 2020 en 7 puntos porcentuales, y de manera más drástica en relación con los distintos órganos del Estado (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral).

Por otra parte, una encuesta realizada en Bolivia coincide con esta tendencia. La encuesta nacional realizada por la Fundación Jubileo en septiembre de 2023, muestra la percepción de los bolivianos sobre la democracia:

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2023-12-19 La democracia que vivimos en el país. Fundación Jubileo, 3ª encuesta de percepción ciudadana, 2023

La población cuestiona la ausencia de cumplimiento de las leyes, comenzando por las propias autoridades de gobierno:

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2023-12-19 El Gobierno Nacional. Fundación Jubileo, 3ª encuesta de percepción ciudadana, 2023.

El deterioro de las instituciones también se refleja en la baja confianza en los órganos del Estado, sobre todo en el Judicial que ha sido capturado por el partido de gobierno al igual que el Tribunal Supremo Electoral, poniendo en serio riesgo la credibilidad en los  próximos comicios.

 

Tendencias electorales y escenarios hacia 2025

Desde 2005 el Movimiento al Socialismo ha triunfado en todos los procesos electorales, su desempeño más bajo fue el 2019, cuando los resultados fueron cuestionados por sus irregularidades y terminó en su anulación. A partir de la primera su primer mandato se transitó hacia un sistema de partido predominante; es decir, la mayoría del MAS se impuso frente a  opciones políticas opositoras, que perdieron capacidad de incidencia  a nivel nacional. Las victorias electorales se repitieron en 2009, 2014 y 2020 con victorias incontrastables mayores al 50% de votos. Mientras el principal candidato opositor bordea el 25% a 28%, y los terceros se ubican bastante más por debajo.

Resultados elecciones generales por principales partidos (2005-2020)

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2023-12-19 Resultados elecciones generales por principales partidos (2005-2020)

*Poder Democrático Social 2005, Concertación Nacional 2009, Unidad Demócrata 2020, Comunidad Ciudadana
**Unidad Nacional 2005, Unidad Nacional 2009, Partido Demócrata Cristiano 2014
Fuente: Elaboración propia con base en datos del TSE.

A medida que pasaron los años, la imagen del Órgano Electoral Plurinacional (OEP) se fue deteriorando debido a su clara parcialidad con el partido de gobierno. De ahí que los cuestionamientos y protestas que precedieron y estallaron después de las elecciones fallidas de 2019, se orientaron contra esta entidad y luego derivaron en enfrentamientos entre sectores sociales y políticos. Como consecuencia se produjo la renuncia de la totalidad de autoridades de esta entidad, paradójicamente varias de ellas han retornado con el gobierno de Arce. En concurrencia, las encuestas de opinión muestran el descenso de confianza en la entidad electoral. En la fuente antes citada, el 59% de los consultados afirman que la entidad electoral no es confiable en su labor de organizar elecciones (Jubileo, 2023).


Partidos y liderazgos hacia las elecciones generales de 2025

Después de las luchas por la reconquista de la democracia en entre 1978 y 1982, se configura un sistema de partidos estable, pluralista moderado conocido como “la democracia pactada”. Sin embargo, a inicios del actual siglo, el sistema es cuestionado y afectado por una profunda crisis política. Como resultado, la votación ciudadana en las elecciones de 2005 se orienta mayoritariamente hacia una nueva e inesperada opción: la candidatura de Evo Morales con el Movimiento al Socialismo. De esta manera, transitamos a un sistema de partido predominante reforzado con los consecutivos triunfos del MAS en los sucesivos procesos electorales.  Esta configuración comienza a mostrar sus debilidades en 2016, con la insistencia a cualquier precio en la repostulación inconstitucional de Evo Morales para los comicios de 2019.

Después de la crisis política desencadenada por las denuncias de irregularidades y fraude electoral en dichos comicios que terminan en su anulación,  y  del controvertido año de gobierno transitorio de Jeanine Añez, en octubre de 2020 se producen nuevas elecciones generales con un organismo electoral totalmente renovado, en las que resulta ganador el Movimiento al Socialismo, esta vez con el candidato Luis Arce Catacora, actual presidente, que fue seleccionado por el propio Evo Morales.

Una vez que Arce asume la presidencia, Evo Morales retorna a su territorio de origen, el Trópico de Cochabamba, y se reúne con sus bases sociales del movimiento campesino cocalero.

Tres años después el escenario político da un inusitado viraje por la escisión que se produce en el Movimiento al Socialismo entre dos fracciones: por un lado Evo Morales y un sector de las bases que propone su candidatura para retornar a la presidencia el 2025; y por otro, Arce Catacora quien en estos cortos años de gobierno ha logrado articular su propio protagonismo político con el apoyo de otros sectores sociales sindicales y el aparato de gobierno.

Por tanto, la división del MAS ha penetrado a las esferas públicas y también a las organizaciones sindicales campesinas e indígenas. El origen de esta situación se puede rastrear en la crisis política de 2019, pues en ese momento político se generaron fuertes tensiones internas por la renuncia de Morales y su autoexilio primero en México y luego en Argentina. Estas tensiones se agudizaron con las diferencias respecto a la gestión de gobierno, y más adelante con la manifestación explicita de las aspiraciones presidenciales de ambos líderes, secundadas por sus respectivas fracciones organizacionales.

Esta división sin duda afecta a la actual gestión de gobierno, pues por ejemplo, al interior de la Asamblea Legislativa Plurinacional el MAS, que fue un partido monolítico y actuaba en bloque en el pasado, hoy se encuentra quebrado y hace alianzas y acuerdos selectivos con los opositores, ya sea para aprobar leyes oficialistas prescindiendo de la fracción “evista”, o para bloquear iniciativas oficialistas junto al sector “arcista”.

Si bien la actual coyuntura se abre como una oportunidad política única para la oposición, que podría enfrentar en mejores condiciones a un MAS dividido, no permite aún la articulación de una potente alternativa electoral que impacte en la ciudadanía y que supere la fragmentación en que está sumida desde inicios de siglo. En el mismo sentido, tanto la reaparición de viejas candidaturas opositoras, como la presencia de algunos rostros nuevos, parecen no remover un escenario político que, de persistir, podría dirimirse entre las dos fracciones del MAS. 
 

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María Teresa Zegada
María Teresa Zegada Claure
Socióloga
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