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¿Por qué el retroceso democrático debería estar en las agendas del Banco Mundial y del FMI?

Fuente: Flickr, Colección de fotos del Banco Mundial.
Cada primavera, los líderes económicos mundiales se reúnen en Washington para evaluar la economía global, coordinar políticas y debatir estrategias para el crecimiento, la reducción de la pobreza y la estabilidad financiera. Estos debates son esenciales, pero a menudo pasan por alto un factor clave para la prosperidad a largo plazo: la calidad de la gobernanza democrática.

Las nuevas evidencias consolidadas del último informe de International IDEA, «La democracia como motor del desarrollo social y la prosperidad compartida», refuerzan este nexo bien establecido, aunque a menudo subestimado: las democracias tienden a obtener mejores resultados en salud, educación y protección social, al tiempo que fomentan un crecimiento económico más inclusivo. Esto refleja el papel crucial de las instituciones responsables, el estado de derecho y la competencia política para promover la prosperidad compartida. El informe no encuentra evidencia de una supuesta «ventaja autoritaria». Los regímenes no democráticos que logran buenos resultados sociales y económicos son excepciones raras, no la regla.

En un momento en que el retroceso democrático afecta a países de todas las regiones y niveles de ingresos, esta relación merece un análisis más profundo. La erosión de las instituciones democráticas no es solo una preocupación política. Tiene consecuencias económicas cuantificables que son cada vez más visibles tanto en las economías avanzadas como en las en desarrollo.

Y viceversa: si bien la democracia impulsa el desarrollo social y la prosperidad compartida, cuando las democracias no cumplen con sus promesas, la confianza en las instituciones democráticas puede erosionarse, socavando el contrato social e impulsando el apoyo a alternativas autoritarias. De hecho, los datos de opinión pública en diversas regiones muestran que la disminución del apoyo a la democracia suele deberse a la percepción de su fracaso para lograr el progreso social y la prosperidad compartida.

International IDEA es una organización intergubernamental compuesta por 35 Estados miembros democráticos, con el mandato de fortalecer y proteger la democracia en todo el mundo. La relevancia de este mandato para las Reuniones de Primavera del Banco Mundial y el FMI —tradicionalmente centradas en la economía global— puede no resultar evidente a primera vista. Sin embargo, los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto hasta qué punto las dinámicas políticas y económicas están profundamente interrelacionadas.

Si bien el Banco Mundial y el FMI no intervienen en la política nacional, los acontecimientos políticos configuran los entornos en los que operan, con implicaciones directas para la estabilidad económica, la eficacia de las políticas, la seguridad global y los resultados del desarrollo.

A través de su informe insignia sobre el Estado Global de la Democracia, International IDEA realiza un seguimiento de la evolución democrática en todo el mundo y documenta un declive sostenido en la calidad democrática durante la última década. Esta tendencia se ve reflejada en los datos del V-Dem Institute y Freedom House, que también señalan un patrón global de creciente autoritarismo y retroceso democrático en todas las regiones, incluidas las economías de altos ingresos.

Investigaciones recientes demuestran el impacto económico de esta tendencia global. El retroceso democrático debilita los fundamentos institucionales del crecimiento. La disminución de la independencia judicial, la menor protección de los derechos de propiedad y el aumento de la corrupción socavan la confianza de los inversores e incrementan la incertidumbre económica. Estos cambios institucionales se reflejan en los mercados financieros, donde los países que experimentan un retroceso democrático suelen enfrentar calificaciones crediticias soberanas más bajas y primas de riesgo más elevadas.

Los efectos se extienden a la innovación y la productividad a largo plazo. La evidencia indica que el retroceso democrático se asocia con reducciones en la inversión en investigación y desarrollo y en la actividad de patentamiento, ya que el debilitamiento de las instituciones disminuye los incentivos y las protecciones necesarios para el avance tecnológico.

Las implicaciones distributivas también son significativas, puesto que el retroceso democrático está vinculado al aumento de la desigualdad y la pobreza. Los beneficios económicos se vuelven menos inclusivos y las disparidades se amplían a medida que se debilitan los mecanismos de rendición de cuentas. Hungría ofrece un ejemplo aleccionador: durante la última década, la erosión de los controles y equilibrios institucionales ha debilitado el estado de derecho y ha incrementado la corrupción y las desigualdades. Los Índices Globales sobre el Estado de la Democracia de IDEA Internacional muestran que el estado de derecho en Hungría ha disminuido un 30 por ciento desde que Orbán llegó al poder en 2010, con un aumento de los niveles de corrupción del 17 por ciento y de la desigualdad de ingresos de alrededor del 20 por ciento. Los niveles de estado de derecho en Hungría son ahora inferiores a los de un país como Malawi, y sus niveles de corrupción y desigualdad de ingresos han aumentado hasta alcanzar los más altos de la UE.

Además, el declive democrático influye en los patrones migratorios. Los estudios demuestran que el debilitamiento de las normas democráticas actúa como un factor de expulsión para la emigración. Esta dinámica tiene importantes implicaciones para los mercados laborales, el capital humano y las trayectorias de desarrollo a largo plazo tanto de las economías en desarrollo como de las desarrolladas.

El retroceso democrático también se asocia con un mayor riesgo de conflicto armado, lo que a su vez perturba el comercio, socava la confianza de los inversores e impone importantes efectos negativos en la economía global. El número de conflictos armados se encuentra actualmente en su nivel más alto desde 1946, y se estima que la violencia cuesta a la economía global casi 20 billones de dólares anuales y el 13 por ciento del PIB mundial, lo que pone de manifiesto la carga macroeconómica de la creciente inestabilidad.

El trabajo de International IDEA demuestra cómo operan estas dinámicas en distintos sectores y regiones. En África, su investigación sobre minerales críticos —esenciales para la transición verde— subraya la importancia de los marcos de gobernanza para determinar cómo la riqueza en recursos puede contribuir al desarrollo sostenible, siendo las instituciones transparentes y responsables esenciales para garantizar que los beneficios de la extracción de minerales se compartan ampliamente. En Asia y el Pacífico, el trabajo de International IDEA sobre democracia y cambio climático demuestra cómo las instituciones y los procesos democráticos pueden impulsar las políticas climáticas. En América Latina, el trabajo de International IDEA sobre desigualdad, en colaboración con el PNUD, ilustra cómo las instituciones democráticas pueden ayudar a mitigar las disparidades estructurales y el impacto de la desigualdad en la cohesión social y la estabilidad económica.

Para el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, estos hallazgos tienen una relevancia directa. Si bien la gobernanza democrática puede ser políticamente delicada, los cambios en la calidad institucional de los países clientes tienen implicaciones directas para sus mandatos en materia de crecimiento económico, prosperidad compartida, reducción de la pobreza y desarrollo sostenible. Además, el retroceso democrático introduce riesgos que no pueden abordarse completamente mediante las herramientas macroeconómicas convencionales. Para las instituciones que buscan la prosperidad global, reconocer este vínculo merece mayor atención.

Sin embargo, a medida que las alianzas de seguridad y comercio se transforman, los debates sobre la democracia —y los costos del retroceso— se vuelven cada vez más incómodos para los países. Abordar estos riesgos requiere una colaboración más estrecha —entre instituciones con mandatos económicos y políticos, y entre distintas disciplinas— para comprender mejor cómo el retroceso democrático influye en el crecimiento, la inversión y la seguridad global.

Este cambio resulta especialmente urgente en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas y retroceso democrático, y no reconocer esta relación conlleva costos tangibles. Los esfuerzos por promover el crecimiento inclusivo y la estabilidad económica fracasarán si no consideran las condiciones institucionales que los sustentan. En un panorama geopolítico cambiante, esto también plantea nuevas exigencias a la comunidad de apoyo a la democracia: ir más allá de los enfoques tradicionales e integrar las consideraciones democráticas en el análisis económico y los marcos de políticas, incluso mediante una mayor colaboración con nuevos socios y en un abanico más amplio de ámbitos políticos. Sin embargo, muchos gobiernos siguen mostrándose reacios a abordar lo que a menudo se percibe como un conjunto de cuestiones incómodas y potencialmente divisivas. En definitiva, reconocer la relación entre la gobernanza democrática y la prosperidad compartida es esencial para construir economías más fuertes y democracias más resilientes.

Sobre los autores

Annika Silva-Leander
Annika Silva-Leander
Head of North America and Permanent Observer of International IDEA to the United Nations
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