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México: cuando el enojo le ganó al miedo

PUBLISHED:
11/07/2018

Declaración: Las opiniones expresadas en este comentario son las del miembro del personal. Este comentario es independiente de intereses nacionales o políticos específicos. Las opiniones expresadas no representan necesariamente la posición institucional de International IDEA, su Consejo de Asesores o su Consejo de los Estados Miembros.

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El domingo 1.° de julio más de 89 millones de ciudadanos fueron convocados a las urnas para participar en la elección más grande de su historia: la presidencia, el 100 % de la Cámara de Diputados y del Senado, el 84 % de los congresos locales, el 86 % de los diputados locales y el 66 % de las alcaldías de México.

Fue un proceso electoral bien organizado, que transcurrió con normalidad, salvo algunos incidentes, con un nivel de participación del 63,42 %, y cuya nota negativa más significativa fue la violencia política. Durante la campaña, más de 145 políticos fueron asesinados (48 eran candidatos a escala local), la mayoría en manos del crimen organizado y el narcotráfico.

¿Es AMLO el Chávez mexicano como pretenden presentarlo sus detractores? ¿Existe riesgo de que México se convierta en una nueva Venezuela?

Igualmente histórica fue la cantidad de poder político que cambió de manos. El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena, fundado en el 2014) y sus aliados (PT y PES) conquistaron no solo la presidencia, sino también cómodas mayorías en ambas Cámaras del Congreso, 4 de las 8 gobernaciones en juego (Morelos, Chiapas, Tabasco y Veracruz), la jefatura de gobierno de la Ciudad de México y numerosos puestos locales. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) obtuvo un contundente 53,19 % (30 millones de votos, lo que lo convierte en el presidente más votado de la historia mexicana), una ventaja de 31 puntos sobre el segundo lugar, Ricardo Anaya (22,27 %) líder de la coalición encabezada por el PAN, y de 37 puntos sobre el tercer lugar, José Antonio Meade (16,40 %), candidato de la coalición liderada por el oficialista PRI.

Estos resultados causaron un verdadero sunami político, del cual emergió un México políticamente distinto del que conocíamos hasta ahora.

Los tres principales partidos tradicionales, PRI, PAN y PRD sufrieron una derrota aplastante y Morena (fundado hace tan solo cuatro años) queda posicionado como la principal fuerza política en este nuevo escenario.

Razones detrás del triunfo. Por un lado, el bajo nivel de aprobación (20 %) del presidente Peña Nieto debido a los mediocres resultados económicos de sus reformas estructurales, aunado a los altos niveles de inseguridad (29.000 homicidios en el 2017) y la obscena corrupción e impunidad consecuencia de un “sistema de justicia incapaz de hacer justicia.

Por el otro, un contexto socioeconómico complejo: casi el 50 % de pobreza y elevada desigualdad, junto con un bajísimo nivel de satisfacción con la democracia (18 %), un igualmente bajo y declinante nivel de apoyo a esta (38 %) y la debilidad y desprestigio de los partidos tradicionales.

A ello debemos agregar la tenacidad de AMLO (fue la tercera vez consecutiva que buscó la presidencia), su integridad y, sobre todo, el ser el candidato que tuvo la lectura más lúcida de la especial coyuntura que vive México, el malestar con los partidos tradicionales, la corrupción y la inseguridad.

Los desafíos. AMLO tiene grandes desafíos por delante. Durante el largo período de cinco meses que va del 2 de julio al 30 de noviembre, en su condición de presidente electo, deberá garantizar una transición ordenada, transmitiendo certidumbre y confianza a los actores políticos, a los grupos empresariales e inversionistas extranjeros y a la ciudadanía que no votó por él. Los primeros mensajes de AMLO han apuntado en esa dirección.

El pragmatismo también estuvo presente durante su reunión con el presidente Peña Nieto, el pasado martes, y con el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), uno de los actores más críticos durante la campaña y que ahora le ha manifestado su apoyo, ante quienes reafirmó su compromiso de respetar la autonomía del Banco de México, defender la libertad de empresa, no expropiar ni aumentar impuestos, no incurrir en mayores niveles de endeudamiento y ser responsable en el terreno fiscal. Los mercados financieros, intranquilos antes de la jornada electoral, por el momento han reaccionado sin sobresaltos.

Por su parte, a partir del 1.° de diciembre, y ya en ejercicio de la presidencia, AMLO tendrá tres desafíos principales. Primero, traducir su discurso de reconciliación y respeto por las prácticas democráticas en hechos concretos. En sus primeros discursos, López Obrador ha reafirmado su compromiso de gobernar de manera democrática, respetar las libertades civiles y políticas así como la división de poderes.

El segundo reto consiste en manejar las elevadas expectativas que se generaron con su elección y demostrar que tiene un plan realista para cumplir sus promesas de campaña. AMLO deberá gobernar con eficacia, llevando a cabo los profundos cambios prometidos, pero sin generar demasiadas disrupciones, con el objetivo de aumentar los niveles de crecimiento económico (hoy estancados en torno al 2,2 %), reducir la pobreza, disminuir la desigualdad, generar empleo de calidad y combatir frontalmente los obscenos niveles de corrupción, inseguridad e impunidad.

De lo contrario, así como el malestar actual se convirtió en enojo y en un claro voto de castigo, la esperanza que AMLO ha sabido despertar en un sector mayoritario de la ciudadanía podría rápidamente transformarse en una peligrosa frustración que le termine pasando factura en las elecciones legislativas de medio período del 2021.

El tercer reto –de carácter internacional– es lograr una relación lo más madura y respetuosa posible con el presidente Trump (tarea nada fácil, por cierto), en especial en relación con el sensible tema migratorio, la renegociación del TLC y la construcción del muro entre ambos países.

Reflexión final. La compleja coyuntura mexicana descrita arriba permite entender no solo el estado de malestar y hartazgo ciudadano que rodeó este proceso, sino, también, por qué en esta elección el enojo y el hartazgo (con los partidos tradicionales y las élites) le ganaron al miedo de elegir un candidato contra el establishment, carismático y populista como López Obrador.

La victoria aplastante de AMLO abre oportunidades inéditas, pero también grandes incertidumbres para México. ¿Es AMLO el Chávez mexicano como pretenden presentarlo sus detractores? ¿Existe riesgo de que México se convierta en una nueva Venezuela? En mi opinión, ninguna.

Este artículo fue originalmente publicado en La Nación.

About the Author

Director for Latin America and the Caribbean
Daniel Zovatto

Daniel Zovatto’s research and work focuses on the design, negotiation and supervision of technical assistance and political advisory programs in issues related to democratic governance and development, electoral reform, financing and internal democracy of political parties, strengthening of democratic institutions, and constitutional, political and electoral reforms.