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Complicidad autoritaria: el apoyo a Rusia en América Latina

Crédito de la imagen: AP

La soberanía se refiere al poder de mando en última instancia y se identifica con quien ejerce la autoridad suprema en un Estado (Bobbio, Matteucci, Pasquino, 2000). Si bien los textos constitucionales establecen comúnmente que la soberanía reside en el pueblo, la necesidad del contrato social hace que se deposite en el Estado. Así, es éste y sus instituciones quienes tienen la exclusividad sobre el ejercicio de autoridad, sin interferencia de otros. Esto implica que en el interior del Estado se pueda gobernar y mantener la paz, y que de cara al exterior haya igualdad jurídica entre estados.

Aclaración: Las opiniones expresadas en este comentario son las del autor. Este comentario es independiente de intereses políticos o nacionales específicos. Las opiniones expresadas no representan necesariamente la posición institucional de IDEA Internacional, su Junta de Asesores o su Consejo de Estados Miembros.



Aunque la práctica de la soberanía tiene consecuencias positivas (desde la delimitación del mar territorial y el cuidado de los recursos naturales hasta la protección de los ciudadanos allende las fronteras nacionales), también tiene un lado negativo. La soberanía es usada con frecuencia para frenar la acción internacional ante decisiones arbitrarias, violaciones de derechos humanos y crímenes cometidos por autoridades nacionales. En nombre de la soberanía y el derecho de cada país a elegir su 'propio camino' se han cometido todo tipo de abusos. Así, China justificó la matanza de manifestantes pro-democracia en la plaza de Tiananmen, en 1989.

Es común que, de manera preventiva, países autoritarios invoquen la soberanía y defiendan y promuevan la no intervención. Admitir la validez de un sistema supranacional de derechos humanos, con tratados (desde la Declaración Universal sobre esta materia de 1948 hasta la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer de 1994), cortes y otros procedimientos equivale a legitimarlos. Invocar la soberanía es medicina preventiva. Así, los países autoritarios usualmente rechazan resoluciones condenando las acciones de un Estado. Apoyar tales decisiones equivale a abrir la puerta para que ellos mismos sean examinados en el futuro. 

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SOBRE EL AUTOR

Especialista Principal en Evaluación de la Democracia
Miguel Angel Lara Otaola

Miguel Ángel Lara Otaola es Especialista Principal en Evaluación de la Democracia en la Unidad de Evaluación de la Democracia. Miguel Angel lidera los índices del estado mundial de la democracia (GSoD por sus siglas en inglés) en International IDEA.