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La primera vuelta electoral de las elecciones uruguayas, 26 de octubre de 2014

PUBLISHED:
17/10/2014
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Hoy tienen representación parlamentaria el Frente Amplio, los blancos, los colorados y, sólo en la cámara baja, el Partido Independiente, heredero de parte del Partido Nuevo Espacio, cuyo sector mayoritario se sumó al FA.

La pregunta a hacer es si algún otro partido obtendrá bancas en la elección del 26 de octubre de 2014. Es muy relevante porque, de acuerdo con el politólogo Oscar Botinelli, dado el sistema electoral uruguayo, con 46.5% de los votos el Frente Amplio puede retener la mayoría parlamentaria y, con 48.5%, perderla. Depende de la representación que obtengan otras fuerzas políticas. Con mayoría parlamentaria frentista, Tabaré Vázquez sólo tendría que pasar la formalidad de la segunda vuelta el 30 de noviembre para ser presidente nuevamente. Sin ella se abre la puerta a la presidencia de Luis Lacalle Pou.

En las elecciones de noviembre de 1958 seis partidos (lemas) obtuvieron bancas en la Cámara de Representantes: Partido Nacional, Partido Colorado, Unión Cívica del Uruguay, Partido Socialista, Partido Comunista y Unión Demócrata Reformista (una escisión de colorados conservadores). Blancos, colorados, UD y PS también obtuvieron bancas en la Cámara de Senadores. Han pasado cincuenta y cinco años de ese hecho.

Es difícil realizar encuestas hoy en día, porque las domiciliarias chocan con puertas cerradas, y resulta dificultoso proceder a las sustituciones para mantener la integridad de la muestra. La alternativa, la encuesta telefónica, menos precisa, choca también con la menor presencia de la telefonía de línea y los rechazos. Es difícil obtener los números de teléfonos celulares y saber quién responde, pero algunas empresas han comenzado a utilizar este recurso. Sólo tienen “valor” las encuestas nacionales, que marcan tendencias claras, pero donde resulta difícil saber cuál es la intención de voto por fuerzas hoy extraparlamentarias que caen dentro de los márgenes de error. Es clara la discrepancia entre las empresas acerca de qué significa el "no sabe y no contesta", así como los que declaran que votarán en blanco o nulo. Esta información parece difícil de obtener antes del acto electoral, motivo por el que  los directores de empresas encuestadoras deben apelar a conocimientos extra estadísticos y al “pifometre” (diríamos olfatear como viene el resultado posible).

Cruzar datos de las personas con sus acciones de consumo o la frecuencia con que utilizan expresiones en redes sociales, todavía no llegó a usarse y cuando aparezca encarecerá notoriamente los estudios de opinión pública.

A una semana de la elección, la empresas que hacen tales estudios difieren notoriamente en el número de respuestas “no sabe/no contesta”  correspondientes a indecisos, que pueden ir desde 4% (unos 92.000 ciudadanos aproximadamente) a 15%, cerca de 345.000 electores.  Esto hace que todo pronóstico se convierta en un mero “acto de fe”.

Por supuesto, estamos hablando de resultados globales, o sea cuánto recibiría cada lema, siendo meramente especulativo dar una información sobre cómo se vota dentro de ellos puesto que los tres principales partidos (lemas, de acuerdo a la jerga jurídico-electoral) son “federaciones de fracciones” que se mantienen unidas gracias al mecanismo de ingeniería electoral, impropiamente llamado doble voto simultáneo, que permite la acumulación por lemas.

Apelando al “pifometre” (el olfato aplicado a la política) diríamos que quizás para el Senado el Frente Amplio obtendría entre 13 y 15, el partido Nacional entre 10 y 12, y el partido Colorado entre 4 y 5; la duda es si el Partido Independiente alcanza o no una banca (lograrla sería en desmedro de una del FA), para totalizar los 30 asientos de la cámara alta. El número 31 será el vicepresidente, o sea Raúl Sendic o Jorge Larrañaga.

En la cámara baja, la de Representantes, el Frente Amplio oscilaría entre 44 y 47 bancas. El partido Nacional entre 32 y 36, los colorados entre 14 y 18, 3 obtendría el Partido Independiente, y es posible que uno fuese a Unidad Popular; incluso podría entrar el PERI a costa de 1 del Frente Amplio, aunque este resultado parece poco probable. En ambos casos, el Frente  perdería porque es el lema que presenta el último menor cociente. Así, por primera vez desde 1958 tendríamos quizás más de cuatro lemas con representación en diputados. Es por ello que hay dudas acerca del resultado final de la confrontación por la Presidencia.

Esta integración posible indicaría que, tomando los mínimos, hay entre 93 y 95 bancas decididas, quedando pendiente qué ocurre con 6, 5 o 4 bancas por adjudicar. Dados los máximos habría que restar.

Si tenemos en cuenta que, “pifometre” mediante, Tabaré Vásquez no llega a 50% más un voto habría segunda vuelta y allí el resultado aún es incierto. Sólo si el FA obtiene menos de 45% de los votos se abre seguramente la puerta para que Luís Lacalle Pou sea Presidente.

Incluso con 45%, para triunfar Tabaré Vázquez debería tener los votos de las pequeñas fuerzas hoy extra parlamentarias y al menos un tercio de los votos del Partido Independiente.

Parece difícil que, de producirse tal segunda vuelta, Vázquez consiga apoyos explícitos a su candidatura, máxime si dentro del Frente el llamado “mega sublema”, que encabezan Sendic y el sector del actual Presidente, José Mujica, será el preponderante.

Tampoco es fácil el camino del candidato blanco, que necesitaría no sólo contar con la mayoría abrumadora de los votos colorados, además de no perder los de su partido, sino también con parte de los votos del Partido Independiente. Pero está claro que, sea o no Presidente, Lacalle Pou, de 41 años, al ganar la candidatura puso en primer plano la renovación generacional y de pensamiento, que no sólo abarca el campo de la política sino también el de las empresas y la sociedad.

A una semana de la primera vuelta, el resultado final es incierto y cabe esperar un nuevo gobierno, cualquiera sea el ganador, donde predomine en el día a día el “trámite y usura”, del que habló en el pasado Carlos Real de Azúa, para obtener apoyo parlamentario en la gestión de gobierno, especialmente para las leyes más relevantes del periodo: las de presupuesto, de gastos, recursos y sus correcciones con las rendiciones de cuentas. Es decir, costosas negociaciones puntuales para cada tema.