Un decálogo regional como hoja de ruta frente a la desinformación y la violencia política de género
La relatoría “Ecosistemas democráticos bajo presión: la integridad electoral frente a la desinformación y la violencia política de género. Un protocolo de acción” no surge como un documento técnico aislado. Es el resultado de un proceso de diálogo regional impulsado por IDEA Internacional, con el financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el coauspicio del Gobierno del Gran Ducado de Luxemburgo, que reunió experiencias, tensiones y aprendizajes desde distintos contextos de América Latina.
Su origen está en el Encuentro Regional sobre Integridad Electoral, Desinformación y Violencia Política de Género, realizado en Cartagena de Indias, Colombia en octubre de 2025, en el marco del proyecto Fortalecimiento de los ecosistemas de integridad electoral para la protección de la democracia en America Latina donde durante dos días actores que rara vez comparten el mismo espacio —organismos electorales, periodistas, plataformas digitales, verificadores de hecho y sociedad civil— pusieron sobre la mesa un diagnóstico común: la integridad electoral ya no puede entenderse solo desde normas y procedimientos, sino desde el ecosistema informativo y digital en el que hoy se desarrolla la política.
La relatoría recoge un enfoque cualitativo basado en la observación directa, el intercambio entre pares y el análisis de experiencias concretas de la región. Más que debates abstractos, a partir de preguntas prácticas se fue configurando una mirada compartida: la desinformación opera hoy con lógicas profesionales, apoyada en datos, segmentación e IA, mientras que la violencia política de género digital funciona como un mecanismo de exclusión que busca disciplinar quién puede participar en política y en qué condiciones. Ambos fenómenos dejaron de ser periféricos para convertirse en factores estructurales que inciden en la calidad de la democracia.
A medida que avanzaron las conversaciones, el foco se desplazó de la descripción del problema a la necesidad de articular respuestas colectivas. Las y los participantes coincidieron en que ninguna institución, medio o plataforma puede enfrentar estos desafíos por sí sola. La integridad electoral, en la era digital, depende de redes de cooperación estables, de confianza y con responsabilidades compartidas.
De ese consenso surgió la decisión de traducir el intercambio en un marco común de acción. Así se construyó un decálogo regional, no como una receta cerrada, sino como una hoja de ruta flexible que recoge prioridades transversales identificadas por actores con roles distintos dentro del ecosistema democrático.
El decálogo, síntesis de acuerdos
El decálogo propone, entre otros ejes:
- Pasar de respuestas individuales a comunidades de acompañamiento y cuidado frente a la violencia política de género digital.
- Reconectar con el territorio, escuelas, radios comunitarias y espacios locales para enfrentar la desinformación con lenguajes cercanos.
- Crear mecanismos permanentes de coordinación interinstitucional, con protocolos y seguimiento.
- Impulsar la educación digital temprana como política pública.
- Establecer espacios formales de negociación con plataformas digitales sobre trazabilidad, datos y respuesta en contextos electorales.
- Fortalecer el periodismo colaborativo y la verificación con arraigo comunitario.
- Documentar y transparentar el trabajo de las autoridades electorales para reducir rumores de fraude.
- Desarrollar observatorios y métricas comparables sobre desinformación y violencia política de género.
- Profundizar la transparencia electoral activa.
- Avanzar hacia acuerdos multiactor para la gobernanza democrática del espacio digital, con enfoque de derechos humanos y de género.
Más que un punto de llegada, esta relatoría marca un punto de partida: transformar experiencias dispersas en una narrativa común y en orientaciones compartidas para fortalecer la resiliencia de los ecosistemas de integridad electoral en América Latina.