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Plebiscito en Chile: tres puntos a considerar

September 09, 2022 • De parte de Isabel Aninat

Los resultados son claros. La opción rechazo triunfó con casi el 62% de los votos válidamente emitidos. Esto, además, con una participación electoral histórica en las últimas décadas, que ahora con voto obligatorio, llegó casi al 86%. Por supuesto, los datos aún son iniciales, pero ya nos entregan ciertas luces. En este sentido, si bien se anticipaba que la opción rechazo resultaría ganadora, hay tres resultados que llaman la atención: la holgura con que ganó el rechazo, la transversalidad de su victoria, y el nivel de participación electoral.

Durante los meses de campaña, las encuestas daban por ganadora sostenidamente a la opción rechazo. Lo hacían, en promedio, con una proyección de algunos puntos por sobre el 50%; algo así como ocho o diez puntos entre ambas opciones. La votación del pasado domingo sorprendió entonces por su magnitud: casi el 62% se inclinó por esta opción. Pero el rechazo además fue transversal.

Ganó en todas las comunas de Chile, salvo ocho (Isla de Pascua, Juan Fdez, Pedro Aguirre Cerda, San Joaquin, Maipu, Puente Alto, Ñuñoa, San Antonio). A pesar de ganar, en ninguna de ellas el apruebo tuvo más de 60%.  El rechazo se impuso en comunas tan diversa como localidades límitrofes en el norte de Chile (Colchane, 94,7% para el rechazo), municipalidades de altos ingresos (Vitacura, 86.1% para el rechazo), o lugares en el sur (Negrete, 84% para el rechazo). El rechazo tuvo mejor resultado en las comunas de Santiago hacia el sur (69%), pero también en el norte de Chile (62%).


Así fue la cédula para votar en el histórico plebiscito constitucional en Chile 2022.
Crédito de la imagen: Getty Images.

 

La propuesta constitucional proponía la plurinacionalidad como modelo institucional de cambio y perdió fuertemente en las comunas con mayor población indígena, especialmente donde hoy se concentra el conflicto de la Macrozona Sur (Tirúa, Galvarino, Alto Bío Bío). El agua fue uno de los temas que tuvo un sello especial en la propuesta y perdió en comunas como Petorca, una zona de grave crisis hídrica. Los primeros datos disponibles muestran que en algunas zonas el margen del rechazo fue mayor en comunas de los quintiles de ingresos más bajos. Asimismo, los datos iniciales dan cuenta que el rechazo tuvo mayor holgura en comunas con mayor población rural y también con mayor presencia de grupos religiosos.

"La participación electoral, sin duda, fue mayor a todo pronóstico."

Desde el regreso a la democracia, el voto obligatorio con inscripción voluntaria había demostrado una baja sostenida en su efectividad: al 2009 la participación llegaba al 59,6%. Con el voto voluntario e inscripción automática, la participación fue aún más baja. Para tener un punto de comparación:  en el plebiscito de octubre 2020 la participación alcanzó 50,9% y en la segunda vuelta presidencial del 2021 el 55,65%. Este plebiscito, ahora con voto obligatorio e inscripción automática, elevó los niveles a los que tuvimos en la elección presidencial de 1989 (86,8% de participación).

Una cuestión interesante es que, en el plebiscito del domingo, parece revertirse el sesgo socioeconómico que se había llamado la atención bajo el voto voluntario. La participación aumentó incluso en zonas con mayores niveles de pobres y fuera de áreas metropolitanas, incluyendo el norte y el sur de Chile. Finalmente, fue una votación que se ejerció bajo una nueva legislación que estableció la reorganización de los locales de votación con criterios de geo-referenciación (cercanía a la dirección registrada). El voto se convirtió también en una actividad familiar, una medida interesante para analizar como medida de incentivo a la participación electoral. Y, sin lugar a dudas, fue una jornada electoral que, incluso con re-introducción del voto obligatorio, la reorganización de los locales y la  implementación de medidas como votaciones en los recintos penitenciarios, se desarrolló de manera ejemplar gracias a la labor del Servicio Electoral.

 

 

Los impactos de la votación

Los resultados del domingo tienen impacto en dos dimensiones: sobre el proceso constituyente y sobre el gobierno y el sistema político.

A lo primero, la gran pregunta es qué se rechazó. Probablemente aún no tenemos la distancia necesaria para dar una explicación completa. Sabemos Durante el proceso constituyente, la encuesta semanal CADEM venía mostrando que la Convención Constitucional había perdido la confianza al poco andar (agosto), y si bien la recuperó durante enero y febrero, desde fines de marzo, la poca confianza en ella se mantuvo sostenidamente. En su última semana de sesión, la Convención el 59% declaraba tener poca o nada confianza en ella (Encuesta Plaza Pública CADEM 442). En parte ello se debió a los escándalos e infantilismos de los convencionales constituyentes, entre quienes habitaba la idea de que eran, ahora sí, los verdaderos representantes del pueblo. A pesar de los resultados de la elección presidencial del 2021, la Convención, abstraída de los aconteceres nacionales, continuó adelante sin acusar recibo de las críticas y llamados de atención.

"Pero el rechazo parece no haber sido únicamente a los convencionales, también al texto."

Durante la Convención se presentaron propuestas extremas que no fueron aprobadas (las propuestas requerían 2/3 del pleno para su aprobación). Pero el texto final propuesto, producto de la propia conformación de la Convención, no fue un texto que concentrara las preocupaciones claves de un diseño que perdurara por los próximos 30 años. La Convención era una asamblea fragmentada, en particular producto de la inclusión de listas de independientes. Durante 12 meses vimos agrupaciones de independientes que se desmoronaban y se realineaban; vimos también escasa—sino nula—visión entre una comisión y otra, como si las partes no interactuaran entre sí. Era tanto el foco en el proceso mismo, en lo procedimental, que parecería que, al llegar al contenido, esa fragmentación atentó contra la negociación racional, la visión de una arquitectura institucional sistémica y de una agregación de intereses. Las causas particulares permearon, quizás simplificando la complejidad de la vida a grupos o temas que exigían identificación, olvidando que las personas tienen distintas demandas, necesidades y anhelos. La vieja idea de partidos políticos que agregan y procesan intereses vuelve a tomar fuerza frente a tanta desagregación.

Como ha sucedido en otros referéndums, el impacto de este plebiscito va más allá del proceso constituyente. El resultado del domingo ha impactado también en el gobierno del Presidente Boric y de su agenda política, a casi seis meses de ocupar el cargo. Es aún muy reciente para entender bien su magnitud, pero en los primeros días post plebiscito, ya hemos sido testigos de cambios en la conformación de su gabinete, dando paso a figuras de la centroizquierda que parecen apelar no a mayor experiencia en la administración pública y legislativa. Quizás interesante es que el Frente Amplio, sector político del Presidente Boric y con fuerte presencia en el comité político inicial, ha sido una coalición que surgió y fue electoralmente exitosa en elecciones bajo el voto voluntario, el cual exige movilizar a los adherentes y simpatizantes. Pareciera mucho más difícil entonces gobernar para un país donde los votantes son más moderados y, al mismo tiempo, mucho menos leales. Cómo hemos visto en otros países, hoy los votantes parecen estar dispuestos a dar los votos sólo por corto tiempo, lo que, acompañado de una caída del rol de los partidos políticos fuertes, genera mucha más volatilidad, incluso dentro de los primeros meses de gobierno.

¿Cómo se sigue?

En los últimos días hemos visto un compromiso transversal de las fuerzas políticas para iniciar una nueva convención. Los detalles los conoceremos en las próximas semanas, pero pareciera (y esto podría cambiar) que sería una convención más acotada en integrantes y temas, con paridad de género, mayor presencia de partidos políticos, e inclusión más acotada de escaños reservados para pueblos indígenas.

Ante un nuevo inicio del proceso constituyente, identificar qué tanto pesó cada factor será una de las tareas claves de los próximos meses. 

"Por qué casi el 62% voto en contra de la propuesta, cuáles fueron esas causas, serán las preguntas claves para la negociación de un nuevo proceso y el surgimiento de una nueva propuesta constitucional."

Las preguntas de un próximo proceso serán las mismas: cómo diseñamos un mejor régimen político, qué configuración le damos a la estructura territorial del Estado para tener mayor descentralización, cómo configuramos un catálogo de derechos sociales efectivo, qué tipo de judicatura fortalece el Estado de Derecho, qué medidas fomentan la responsabilidad fiscal, cómo abordamos los desafíos del cambio climático y su impacto en la democracia.

Aprender del proceso que fracasó es necesario para dar curso a un acuerdo que debe ser tan transversal como para compensar el rechazo del pasado domingo. La próxima constitución de Chile debe ser una que cuente con un fuerte respaldo, y ese, sin duda, será el desafío de los próximos meses.

 

Este artículo fue cedido por la autora para la edición de Café Semanal Latam. Te invitamos a leer el boletín de noticias aquí.

 

Aclaración: Las opiniones expresadas en este comentario son las del autor. Este comentario es independiente de intereses políticos o nacionales específicos. Las opiniones expresadas no representan necesariamente la posición institucional de IDEA Internacional, su Junta de Asesores o su Consejo de Estados Miembros.

 

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Isabel Aninat
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