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Superar la polarización para adoptar una política de toma de decisiones cooperativa e inclusiva: Un rayo de luz para la Democracia durante el COVID-19

Cyril Ramaphosa, Presidente de Sudáfrica. Derechos de Imagen: News24.

Cyril Ramaphosa, Presidente de Sudáfrica. Derechos de Imagen: News24. 

 

Aclaración: Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas de su autor e independientes de intereses nacionales o políticos particulares. Además, estas opiniones no representan necesariamente la posición institucional de IDEA Internacional, su Junta de Asesores o su Consejo de Estados Miembros.
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El nuevo coronavirus (COVID-19) que mantiene a millones de personas en todo el mundo confinadas en sus hogares, ha alterado en gran medida las actividades políticas, socioculturales, educativas y económicas de millones de personas. Muchos gobiernos se han enfrentado, y se seguirán enfrentando, a la toma de difíciles decisiones políticas, incluyendo restricciones sin precedentes y de gran alcance que afectan a la libertad de movimiento, reunión y asociación mientras que los sistemas sanitarios estatales luchan por conseguir controlar un COVID-19 que no deja de propagarse y devastar vidas.

A pesar de que las decisiones tomadas se basan en la información y asesoramiento médico y científico, se trata esencialmente de decisiones políticas. Un rayo de luz que parece comenzar a surgir en las democracias son los esfuerzos realizados por los líderes políticos nacionales de diferentes países para superar sus divisiones políticas en favor de la cooperación y dar respuesta a la pandemia.

En el caso de las democracias más estables, un buen punto de equilibrio entre la competitividad y la cooperación política es el hecho de que la búsqueda de un consenso inclusivo en cuestiones políticas clave forma parte de la cultura política. Por este motivo, muchos puede que no encuentren sorprendente que en Suecia, por ejemplo, el gobierno tratase de buscar y recibir el apoyo de la mayoría de los partidos políticos parlamentarios para la toma de una amplia gama de medidas, incluyendo la aprobación de 300 billones de coronas para esta crisis. Este paquete está destinado a mitigar el impacto económico de la pandemia del COVID-19 permitiendo al gobierno, entre otras cosas, ayudar en lo que respecta a la liquidez de determinadas compañías que se encuentran en riesgo, cubrir los pagos de las decenas de miles de trabajadores despedidos temporalmente y cubrir el costo del pago por enfermedad. Incluso en una Bélgica polarizada lingüística y políticamente, los partidos políticos llegaron a un acuerdo para otorgar “poderes especiales” al Primer Ministro y formar un “gobierno anti-corona”.

Ejemplos tan positivos de diálogo y toma de decisiones políticas inclusiva se han producido en muchos otros países alrededor del mundo; incluyendo aquellos normalmente caracterizados por sus altos niveles de polarización política. A modo de ejemplo, en Sudáfrica los medios locales han acuñado el término “Corona Collab” para describir la unidad y cooperación sin precedentes que los diferentes 14 partidos políticos representados en el parlamento han mostrado al apoyar aquellas medidas cuyo fin es mitigar la propagación del coronavirus. Por otro lado, en Pakistán se formó un comité compuesto por representantes de partidos de todo tipo de ideología para deliberar y hacer recomendaciones al gobierno sobre cómo lidiar con el COVID-19; mientras, en Chile fue alcanzado un consenso entre las diferentes divisiones políticas respecto a la posposición de un referéndum constitucional de abril a octubre de 2020, con el fin de que el gobierno pueda concentrarse en responder a la pandemia del COVID-19.

Muchas más, y posiblemente más difíciles, decisiones políticas tendrán que ser tomadas después de la crisis del COVID-19. A modo de ejemplo, los economistas predicen una recesión mundial una vez que termine la pandemia. Dado que el coronavirus se ha extendido a todos los países, los responsables políticos alrededor del mundo se enfrentan a tiempos difíciles para afrontar el impacto de esta pandemia. Todas las instituciones, sistemas y procesos políticos y económicos experimentarán los efectos tanto en la esfera pública como privada como resultado de esta crisis, especialmente aquellos que ya sufrían con anterioridad al COVID-19.

Los planes nacionales de desarrollo tendrán probablemente que ser revisados para priorizar determinados sectores; los objetivos de la ODS se verán negativamente afectados, y las lecciones aprendidas debido a esta pandemia conducirán a reformas políticas e institucionales para fortalecer la resiliencia de los países ante cualquier situación similar que tenga lugar en el futuro. Es por esto fundamental que se mantenga el impulso producido en el diálogo, la cooperación de las diferentes divisiones políticas y la toma de decisiones inclusivas que ha caracterizado a muchos líderes políticos de diferentes países durante la pandemia. Sin embargo, dicha inclusión debería extenderse más allá de los partidos políticos, involucrando a todos los sectores de la sociedad, en particular a aquellos que se encuentran generalmente desfavorecidos y cuyas vidas se verán desproporcionadamente afectadas por crisis económicas. Por ejemplo, las prevalecientes desigualdades entre hombres y mujeres alrededor del mundo hacen de las mujeres uno de los grupos de personas más vulnerables ante las crisis económicas; este es el caso también de los jóvenes. Por todo esto, la inclusión de género y juventud en el discurso político posterior al COVID-19 será, en consecuencia, más importante que nunca.

SOBRE EL AUTOR

Oficial senior de Programa
Frank Kayitare

Frank Kayitare es oficial del Programa de Representación y Participación Política.