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República Dominicana apuesta a la continuidad

PUBLISHED:
02/06/2016
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El pasado 15 de mayo, República Dominicana celebró las elecciones más complejas y amplias desde 1994. En esta oportunidad no sólo se eligieron Presidente y Vicepresidente, sino también la totalidad de diputados y senadores, así como autoridades municipales.

No hubo sorpresa. Danilo Medina, del oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), resultó reelecto por amplio margen y todo pareciera indicar que también logró conservar la mayoría en ambas Cámaras del Congreso. Decimos “pareciera” debido a que la elección experimentó graves irregularidades (muy bien documentadas por la Misión de observación de la OEA) que han gatillado una crisis postelectoral aún sin resolver por completo.

La reelección de Medina confirma la infalibilidad de la regla (vigente en América Latina desde 1978) de que todo Presidente que reforma la Constitución para mantenerse en el poder logra su objetivo. La única excepción ha sido Hipólito Mejía, ex presidente de República Dominicana, quien en 2002 reformó, sin éxito la Carta Magna para buscar un segundo mandato. Esta derrota allanó el camino a Leonel Fernández (también del PLD, quien fuera titular del Ejecutivo entre 1996-2000 y que venció en los comicios de 2004). Más tarde (beneficiándose de la reforma de Mejía), en 2008 logró su reelección. Desde la presidencia, Fernández reformó la Constitución en 2010 (para pasar de la reelección consecutiva a la alterna sin límite); Constitución que el presidente Medina reformó nuevamente en 2015, y de manera expedita (en 15 días), para reimplantar la reelección consecutiva y volver a presentarse en las elecciones del pasado 15 de mayo. No hay otro país en América Latina que haya reformado mayor número de veces la Constitución en materia de reelección en un periodo tan corto: cuatro veces en 21 años.

Continuidad del PLD por cuarta vez consecutiva

Con el triunfo contundente de Medina (61,74% de los votos, con una ventaja de más de 25 puntos sobre el principal candidato opositor, Luis Abinader, del recientemente formado Partido Revolucionario Moderno: PRM), el PLD acumula cuatro triunfos consecutivos, para un total (al final de este nuevo periodo) de 16 años ininterrumpidos en el poder. Nunca antes en democracia, un mismo partido había logrado cuatro victorias seguidas en República Dominicana.

Si excluimos los casos particulares del PRI en México (antes de 2000) y del Partido Colorado (en Paraguay), desde 1978, a la fecha sólo cuatro partidos o coaliciones han logrado cuatro triunfos presidenciales sucesivos en la región: el chavismo en Venezuela, que acumula 17 años en el poder (inmerso en una profunda crisis que podría llevar a la salida anticipada de Maduro); el PT en Brasil, que hasta ahora lleva (veremos cómo concluye el juicio político actualmente en marcha en contra de Rousseff) 13 años en el poder; ARENA en El Salvador (que gobernó ininterrumpidamente desde 1989 hasta 2009 con los presidentes Cristiani, Sol, Flores y Saca) y la Concertación en Chile (desde 1990 hasta 2010 con los presidentes Aylwin, Frey, Lagos y la primera Presidencia de Bachelet).

Razones del triunfo

¿Cuáles podrían ser las razones que explican un triunfo tan contundente de Medina después de tres gobiernos seguidos del PLD?

En mi opinión existe una combinación de razones personales, políticas y económico-sociales que explican este resultado. Respecto del factor personal, cabe destacar la elevada popularidad del presidente Medina, quien es el mandatario latinoamericano con el mayor nivel de apoyo ciudadano con una tasa superior a 70%.

En términos políticos, cabe apuntar la ventaja de todo mandatario latinoamericano a la hora de buscar su reelección consecutiva; la enorme concentración de poder del PLD en todos los ámbitos del Estado; el acentuado clientelismo político y, sobre todo, una oposición que no acierta en su estrategia para desplazar del cargo al PLD. Cabe mencionar, asimismo, la acentuada falta de equidad de la competencia electoral y el uso abusivo de los recursos del Estado (ventajismo) en favor del oficialismo.

El tercer factor significativo que explica la cómoda reelección de Medina radica en la economía. Con una tasa de crecimiento de 7% y una inflación de 2,5%, República Dominicana, junto con Panamá, encabezan los dos primeros lugares en la región. Esta tasa de crecimiento contrasta fuertemente con una América Latina que (de acuerdo con proyecciones del Banco Mundial) este año experimentará un crecimiento negativo de 0,6%. Asimismo, supera por más de dos puntos la tasa de crecimiento promedio de los países de América Central.

Desafíos

Sin embargo, el nuevo mandato de Medina, no obstante el fuerte respaldo recibido en las urnas, no está exento de problemas. Por el contrario, viene acompañado de importantes desafíos, entre ellos lograr que los resultados de estas elecciones (sobre todo la de su bancada parlamentaria y la de los alcaldes del PLD) sean aceptados por la oposición.

Mejorar la calidad de la democracia y la situación de los derechos humanos es otro de los grandes retos. República Dominicana forma parte del grupo de países (según el Informe de The Economist de 2016) que cuentan con una democracia imperfecta (flawed democracy), caracterizada por una marcada debilidad institucional y con altos niveles de inseguridad ciudadana y corrupción. Y, según Freedom House (Informe 2016), es un país considerado parcialmente libre en lo referente a la vigencia de los derechos civiles y políticos.

República Dominicana debe asimismo introducir en su sistema político-electoral reformas profundas y urgentes dirigidas a mejorar la calidad e integridad del proceso electoral, con el objetivo de evitar problemas similares en futuras elecciones.

En el ámbito electoral, como bien recomienda el informe preliminar de observación de la OEA (de mayo de 2016), es importante incorporar la votación separada entre diputados y senadores. Igualmente importante resulta mejorar las condiciones de equidad de la competencia electoral. Para ello, es necesario regular adecuadamente el uso de los recursos del Estado (y así impedir el ventajismo oficial); fortalecer los niveles de transparencia, fiscalización y control en materia de financiamiento político (estableciendo, entre otras medidas, topes a los gastos de campaña y límites al financiamiento privado), y mejorar las condiciones de igualdad en el acceso a los medios de comunicación.

En relación con el sistema político, la prioridad reside en introducir cambios de fondo en el sistema de partidos dirigidos a modernizarlos, institucionalizarlos y mejorar sus niveles de democracia interna.

Otro objetivo prioritario es garantizar de manera efectiva la paridad de género en la vida política.

Es preciso, asimismo, complementar todos estos cambios político-electorales con una adecuada modernización y fortalecimiento de los órganos electorales (JCE y TSE), integrándolos con profesionales altamente calificados, de reconocido prestigio y radicalmente independientes de los partidos políticos.

En el terreno de la economía, y pese al actual panorama macroeconómico positivo, la situación dista de ser ideal: 40% de su población vive en la pobreza, consecuencia de las serias dificultades que experimenta la economía (por su modelo de crecimiento) en generar empleo de calidad. A ello debemos sumar la necesidad de resolver la principal limitación que aquélla enfrenta desde hace mucho tiempo: la escasez de energía y su elevado precio.

Mi opinión: Esta cuarta victoria consecutiva consolida al PLD como el partido predominante del sistema político dominicano (con el riesgo de convertirse en un partido hegemónico). Según los datos oficiales de la Junta Central Electoral (Boletin 14) Danilo Medina obtuvo 61.74% de los votos frente al 34.98% del opositor Luis Abinader del PRM. Con base en estos mismos datos oficiales (sujetos a los reparos y las impugnaciones que pudiesen presentarse en contra de los mismos) el PLD habría obtenido 28 de los 32 Senadores, 125 de los 190 Diputados y 108 de las 158 Alcadías.

Por su parte, los otros dos partidos históricos (PRD y PRSC) obtuvieron resultados muy magros. El hasta hace poco principal partido de la oposición —el PRD del fallecido Peña Gómez— debilitado por sus constantes conflictos internos y divisiones, terminó aliándose en este proceso al PLD y obtuvo apenas un poco más de 5% de los votos (en la elección pasada, antes de su rompimiento que dio nacimiento al PRM, obtuvo 47% de los votos). El otro gran partido histórico, el PRSC —del también fallecido ex presidente Joaquín Balaguer, que se alió con el PRM en estas elecciones—, obtuvo asimismo un bajo caudal de votos, similar al del PRD. La gran interrogante reside en qué sucederá en los próximos años con el recientemente constituido PRM y con el liderazgo de Abinader, en particular si ambos lograran consolidarse o no como la principal fuerza de oposición.

Habrá que ver, asimismo, si Medina y el PLD tienen la capacidad de evitar el desgaste y crisis que suele afectar a los “gobiernos largos” de un mismo partido o coalición en la región, sobre todo durante la maldición del “segundo mandato” consecutivo. De los cuatro casos mencionados, dos “gobiernos largos” —el del PT en Brasil y el del chavismo en Venezuela— atraviesan en la actualidad una grave crisis que podría llevar al término anticipado de los mandatos de los presidentes Dilma Rousseff y Nicolás Maduro.

En resumen, durante su segundo mandato Medina deberá implementar una ambiciosa agenda de reformas. En lo político, la prioridad reside en la modernización y el fortalecimiento de las instituciones democráticas, la adopción de una ley de partidos políticos, la transformación del Poder Judicial y de la policía para combatir frontalmente la inseguridad y la corrupción. Por su parte, en el campo económico-social el foco debe estar puesto en mantener las altas tasas de crecimiento, pero corrigiendo las graves inequidades y distorsiones actuales, con el objetivo de crear empleos de calidad y lograr reducir de este modo los elevados niveles de pobreza.

SOBRE EL AUTOR

Director for Latin America and the Caribbean
Daniel Zovatto

Daniel Zovatto is Regional Director for Latin America and the Caribbean at the International Institute for Democracy and Electoral Assistance (International IDEA).